Muchas dietas en un plato

La diversidad de problemas de salud puede dar lugar a recomendaciones encontradas acerca de lo que hay que comer y evitar. Cómo solucionar el dilema.

Los problemas de salud que requieren alguna solución alimentaria son muchos, y pueden tener variadas combinaciones. A veces, las direcciones son opuestas. Como en el ejemplo de la señora preocupada por la fragilidad de sus huesos que recibió la indicación de  consumir lácteos y unos días después por su tradicional liviandad intestinal le indicaron suspenderlos. ¿A quién le hace caso?

De tanto en tanto, los consejos de los médicos coinciden. A todos nos han recomendado comer pescado para bajar el colesterol, para mejorar la memoria y para bajar de peso. Solamente la primera indicación tiene fundamento, pero al menos hay un solo mensaje y no se nos arma un lío con directivas contradictorias.

Las complicaciones empiezan cuando las consultas originan prescripciones diferentes, que crecen geométricamente con la acumulación de consejos a veces no tan aconsejables. Los médicos y los nutricionistas tendemos a prohibir en lugar de indicar, y eso lleva inevitablemente a reducir las elecciones.

Imaginemos a un señor que concurre al médico de cabecera porque hace un tiempo que su intestino está un poco flojo. Le recomienda evitar vegetales de hoja y pan con salvado. Hasta ahí todo bien. Su intestino no cambia mucho, pero la siguiente semana le tocaba su control cardiológico y aparecen la presión y el colesterol bastante elevados.

Su glucemia (azúcar en la sangre) está cerca del máximo aceptable. Le indican evitar la carne, comer pan integral sin sal y mucha verdura.

Está un poco confundido pero como lo derivan a un especialista en diabetes, suspira aliviado ya que tendrá la oportunidad de una segunda opinión. O tercera.

Allí lo palmean en la espalda, le dicen que nada de pan, nada de pasta, nada de papas y nada de azúcar. Cuando está a punto de sucumbir, suena la campana salvadora y le dan turno con la nutricionista en una semana. El corazón vuelve a su lugar y renace la esperanza de una revancha en pocos días.

La historia parece ficticia, pero lamentablemente es muy real. Mucha gente tiene necesidad de acomodar su alimentación por más de un motivo.

Y si los consejos vienen por separado, en lugar de ser una solución se transforman en un nuevo problema.

El enfoque estrecho que se resume en “un problema es igual a un alimento” no funciona. Imaginemos que este señor (o señora) tiene 50 años, un cierto sobrepeso, diabetes, un leve hígado graso y una leve insuficiencia renal. Algo muy frecuente.

La lógica de una computadora sería restringir carbohidratos, restringir grasas y restringir proteínas. O sea restringir todo. Como se suele decir, un absurdo.

Si en lugar de mirar las partes vemos el conjunto, esa persona recibiría un consejo más apropiado: una alimentación completa, variada, balanceada y por supuesto adecuada, con porciones menores pero armoniosamente y sin excluir ningún alimento en particular.

Fuente:clarin.com

1 comment
  1. Lo que describen en el artículo es real. Tengo hipotiroidismo, algo de sobrepeso, dolicocolon, divertículos e hipertensión leve. Por eso me encuentro en un dilema a la hora de preparar mi comida, porque un alimento que sería aconsejado para un problema, es desaconsejado para el otro.

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