La secretina y la grasa marrón interactúan para decir al cerebro cuándo dejar de comer

Los niveles más altos de secretina en sangre se correspondían con grasa parda más metabólicamente activa

Investigadores de Alemania y Finlandia han demostrado que la llamada “grasa marrón” interactúa con la secretina de la hormona intestinal en modelos experimentales para transmitir al cerebro señales nutricionales sobre la saciedad durante una comida. El estudio, que se publica en la revista ‘Cell’, refuerza nuestra comprensión del papel que se sospechaba durante mucho tiempo que tenía el tejido adiposo marrón (BAT, por sus siglas en inglés) –un tipo de grasa corporal que genera calor cuando un animal está frío– en el control del consumo de alimentos.

“Demostramos una conexión entre el intestino, el cerebro y el tejido marrón, descubriendo una faceta previamente desconocida del complejo sistema regulador que controla el balance de energía”, afirma el autor principal de este trabajo, Martin Klingenspor, presidente de Medicina Nutricional Molecular de la Universidad Técnica de Munich, en Alemania. “La visión de la grasa marrón como un simple órgano calefactor debe revisarse, y se debe prestar más atención a su función en el control del hambre y la saciedad”, plantea.

Durante una comida, las señales codificadas por las hormonas intestinales llegan al cerebro a través de la sangre o a través de los nervios activados en el intestino delgado. El trabajo de Klingenspor y sus colegas indica que la hormona intestinal secretina, reconocida por primera vez en 1902 por estimular el páncreas y secretar bicarbonato para ayudar a que el intestino delgado neutralice el ácido y digiera los macronutrientes, tiene un papel poco apreciado en la saciedad.

En su estudio, los modelos experimentales hambrientos que fueron inyectados con secretina habían suprimido los apetitos. La inyección de individuos con secretina también aumentó la cantidad de calor que producía su grasa parda. Los modelos con tejido graso marrón inactivado, sin embargo, no experimentaron la misma supresión del apetito cuando se les inyectó la hormona, lo que sugiere que es el efecto de secretina sobre la BAT lo que causa la sensación de plenitud.

Niveles de secretina, vinculados con la actividad de la grasa marrón

Además de estudiar los efectos de la secretina sobre la grasa marrón en ratones, se midieron los niveles de secretina en 17 voluntarios humanos. En un estudio en Finlandia, se midió el consumo de oxígeno en los tejidos marrones y la absorción de ácidos grasos en la sangre de los participantes después del ayuno nocturno y de 30 a 40 minutos después de una comida. Los científicos encontraron que los niveles más altos de secretina en la sangre de los sujetos correspondían a grasa parda más metabólicamente activa.

Klingenspor dice que un día se podrá saber lo suficiente sobre la conexión de la secretina con la grasa marrón para estimular la producción de secretina al comer ciertos alimentos. “Cualquier estímulo que active la termogénesis de la grasa parda podría potencialmente inducir la saciedad –subraya–. La secreción de secretina es sensible a los nutrientes, por lo que comer el activador correcto podría ser útil para promover la saciedad y reducir el tamaño de las comidas y la ingesta de calorías”.

Este experto cree que las funciones de la grasa parda en el control del hambre y la saciedad la convierten en un objetivo particularmente atractivo para los nuevos enfoques para tratar la obesidad. A su juicio, dirigirse a la grasa marrón a través de la secretina podría ser prometedor para futuras intervenciones nutricionales o farmacológicas contra la obesidad y la enfermedad metabólica.

Fuente: http://elmedicointeractivo.com

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