Inteligencia animal

En nuestro día a día un gran número de personas nos relacionamos con animales domésticos, ya sea porque son nuestros o de algún conocido, amigo o familiar. Habremos oído multitud de veces, o quizá hasta lo hayamos dicho nosotros mismos, eso de “a mi gato sólo le hace falta hablar” o “mi gato no se acerca a cierta gente porque percibe de algún modo su aversión a los animales” o “mi gato es más listo que algunas personas que conozco”…

Sin embargo, esos mismos animales, inteligentes sin duda alguna, muchas veces son apartados sin consideración ninguna cuando molestan. Todavía hay mucha gente que piensa que los animales son una especie de juguetes que se mueven mecánicamente simplemente por instinto. Esta manera de pensar dificulta que ante el sufrimiento de un animal se sienta empatía, hecho demasiado frecuente todavía en nuestros días.

Actualmente se han realizado ya muchos estudios que reflejan que los animales son más inteligentes de lo que pensamos. En este artículo veremos algunos casos que seguro sorprenderán a muchos lectores. Decía Charles Darwin que “A los animales, que hemos convertido en nuestros esclavos, no nos gusta considerarlos nuestros iguales”. Afortunadamente, quienes siguen navegando en aguas repletas de prepotencia y engreimiento es cuestión de tiempo que el mar se les seque.

INTELIGENCIA FELINA
El filósofo griego Aristóteles afirmaba que los animales eran capaces de razonar y pensar, aunque en menor medida que el ser humano. También Charles Darwin, anteriormente citado, sostenía que “las distintas emociones y facultades –como la memoria, la atención, la curiosidad, la imitación, etcetera- de las que el hombre presume, se encuentran de forma incipiente y a veces bien desarrolladas en los animales”. Opinión que comparten la etóloga Marian Dawkins y el ya desaparecido zoólogo Donald R. Griffin, entre otros.

Haciendo honor a esas ideas, nos encontramos con el gato, un animal tremendamente inteligente. El cerebro del gato recibe una inmensa cantidad de información continuamente, que asimila y utiliza para aprender. Se sabe que con los gatitos pasa algo similar a lo que ocurre con los niños, cuando crecen en un ambiente sin estímulos no se desarrollan de un modo normal y adecuado. Los gatos que han crecido relacionándose estrechamente con personas, en un entorno de juegos y estímulos diversos, son los que desarrollan más su inteligencia.

El significado de inteligencia agrupa el hecho de pensar, reflexionar y actuar de forma conveniente ante un escenario nuevo. Cualquiera que tenga gatos sabrá de su curiosidad, como cualquier cosa novedosa será suficiente para que todos sus sentidos se pongan en alerta y se dedique a inspeccionar y olfatear todo aquello que considera extraño y desconocido.

Los gatos aprenden por medio de la imitación y la observación, hasta el punto que un gato que observa como otro acciona una palanca para conseguir alimentos aprende con más premura que otro que no haya tenido la oportunidad de observar a sus congéneres realizar tal acto.

Se ha comprobado que los gatos salvajes a los que se priva de libertad ya de adultos aprenden con más celeridad que los que han vivido siempre en cautividad, lo que lleva a la conclusión de que criarse en libertad y en un medio natural beneficia la capacidad de aprendizaje del animal.

Los gatos pueden adoptar una conducta instintiva, por ejemplo, sacar las uñas para defenderse, que es un comportamiento que se transmite genéticamente. Y también una conducta aprendida o adquirida por aprendizaje, imitación y experiencias. Un gato acaba uniendo en su actitud lo aprendido con lo instintivo.

La memoria es muy importante en el aprendizaje, y los gatos la tienen convenientemente desarrollada. Pueden recordar hechos pasados, aprendiendo por ello las pautas que les señalamos ante lo que pueden y no pueden hacer. Ellos comprenden y recuerdan, actuando posteriormente en consecuencia.

OTROS ANIMALES
Numerosos estudios avalan actualmente la certeza de que los animales, más allá de los primates y los delfines que nos vienen a la mente de inmediato, poseen una inteligencia muchas veces sorprendente. Veamos sólo algunos ejemplos.

Hace ya unos años, el desaparecido investigador y explorador Jacques Cousteau persiguió con su barco a un grupo de orcas. En un principio los animales nadaban tranquilamente, hasta comprobar que no podían despistar a sus perseguidores. Después nadaron más rápidamente, pero tampoco eso surtió efecto. Así que las orcas empezaron a simular giros y a nadar en ángulo, pero tampoco perdían el barco de vista. De repente, el macho y la hembra de mayor tamaño nadaron delante del barco, mientras el resto de animales huía en dirección contraria. Indudablemente, estaban intentando engañar a sus perseguidores, lo que indica un alto grado de inteligencia, pues el cerebro debe comprender las circunstancias y decidir un modo de actuar para cambiar esas circunstancias que no le agradan o convienen.

La científica Irene Pepperberg estuvo trabajando durante varios años con un loro africano al que llamó Alex. Le enseñó a hablar, pero además el ave comprendía el significado de las palabras, no las repetía de un modo automático y sin sentido, como se creía hasta entonces que sucedía con estos animales. Cuando veía un recipiente con fruta decía: “Uva”, y cuando alguien tomaba café: “Caliente”. Cuando le enseñaban dos objetos distintos, pero del mismo color, y le preguntaban: “¿Qué es igual?”, él respondía de inmediato: “Color”, y al interrogarle sobre la diferencia, contestaba: “Forma”.

A tal extremo de inteligencia llegaba este animal que un día, mientras su cuidadora enseñaba a otros loros principiantes a modular palabras, Alex en un ataque de impaciencia le espetó a uno de ellos: “¡Habla con claridad!”. Realmente sorprendente.

Por último, una vez que la Dra. Pepperberg lo llevó al veterinario y lo dejó para que le operasen, al verla marcharse sin él chilló: “Ven. Te amo. Lo siento. Quiero volver”. Alex falleció a los 31 años de edad, muchos años para que su cerebro de inteligente ave aprendiese.

Pero no es el único caso que refleja la inteligencia de las aves, también los cuervos que habitan en los bosques de la isla de Nueva Caledonia, en el Océano Pacífico, son sumamente habilidosos fabricando y utilizando utensilios, tallos y ramas que usan para escarbar en las palmeras y buscar las larvas más grandes.

La urraca azuleja también posee una inteligencia digna de estudio, pues si cuando oculta su alimento se percata que otra urraca la está observando, volverá a cambiar la comida de lugar cuando la urraca espía se haya ido, dando a entender que sabe perfectamente que si no lo hace le robarán su parte de alimento. Otro hecho que también sorprende enormemente de la urraca, es que recientemente se ha comprobado que este animal es capaz de reconocerse en el espejo, junto a los grandes primates, los elefantes y algunos delfines.

Y Cómo no hacer referencia a los gorilas y comentar el caso de Leah, que vive en la República del Congo. Un día entró en un lago con recelo, cuando el agua le llegaba a la cintura salió de inmediato. A los pocos minutos volvió a entrar, cogiendo una rama de un árbol de una longitud aproximada de un metro que introducía en el agua una y otra vez, para luego apoyarse en ella y caminar despacio. La sensación era que estaba comprobando la firmeza del fondo del lago o bien midiendo la profundidad de éste.

La revista Science publicaba en 2005 un artículo donde afirmaba que la risa no es un acto exclusivamente humano, sino que hay animales que también ríen. Según los científicos que llevaron a cabo dicha investigación, las ratas en sus juegos producen una especie de gritos que evidencian emociones positivas semejantes a la alegría. También los chimpancés, cuando juegan y se hacen cosquillas unos a otros, emiten sonidos que se pueden equiparar a la risa humana.

Respecto a las ratas, seguro que algunos lectores que viven o pasan temporadas en el campo se han encontrado en algún momento con el problema que representan estos roedores y que por mucho veneno que se les eche, nunca parecen extinguirse. Pues bien, actualmente ya se sabe que las ratas rechazan la comida envenenada cuando han visto que una de sus congéneres se ha sentido enferma o incluso ha muerto después de comer dicho alimento. Este hecho se extiende de inmediato al conjunto de roedores e incluso las crías saben que no deben ingerir dicha comida envenenada.

Y no quisiera terminar este apartado sin hacer una breve referencia al zoólogo, citado anteriormente, Donald R. Griffin. Este hombre sostuvo durante años sus ideas, afirmando que los animales piensan y poseen conciencia. Para muchos fue pionero en el estudio de las capacidades mentales de los animales, y el creador de la etología cognitiva. Este investigador afirmaba que ciertos animales son dueños de complejas mentes con las que solucionan los problemas que su vida les plantea, y además les afecta lo que ocurre en su entorno, por lo que para él eran seres inteligentes y concientes. Donald Griffin falleció a finales del año 2003, dejando tras de si un extraordinario equipaje de conocimiento y sensibilidad hacia los animales.

El filósofo griego Porfirio decía: “Si los hombres tienen más inteligencia que los animales, esto no es una razón para sostener que los animales no la tienen en absoluto; del mismo modo sería erróneo sostener que las perdices no vuelan porque los gavilanes vuelan mejor que ellas”.

ESOS INTELIGENTES GATOS
Lo cierto es que estamos en el principio de una extraordinaria travesía por la mente animal, por su inteligencia y todas sus capacidades hasta hace poco tiempo ignoradas o rotundamente negadas. Citaremos, para terminar, algunos comportamientos de nuestros gatos que nos confirman que son animales inteligentes.

El gato es un animal sociable pero, al mismo tiempo, tremendamente independiente. Defenderá su territorio y autonomía, y no consentirá que cualquier otro animal o persona acceda a su feudo sin su permiso. Del mismo modo, tampoco elegirá jamás como dueño a alguien que le maltrate.

Estos felinos domésticos diferencian perfectamente a conocidos y extraños, reconociendo a las personas y animales con las que se relacionan frecuentemente por medio del olor, las modulaciones de la voz, el comportamiento y la apariencia.

Es indudable que los gatos se comunican entre sí, y también lo hacen con las personas. Si a un gato se le habla desde pequeño, éste tenderá a responder, aunque hay gatos más predispuestos que otros a este comportamiento. Los maullidos de un minino tienen múltiples tonos, que utilizan dependiendo de sus deseos. Maúllan de una manera cuando quieren que les abramos una puerta o ventana, de otra cuando piden alimento, de otra cuando están enfadados o no quieren ser molestados, de distinta forma cuando juegan, etcétera.

Un gato se asustará al ver correr hacia él a un perro enfurecido, pero si se percata de que éste no le puede alcanzar (ya sea porque hay una valla por medio, porque está en lo alto de una pared, etc.) se paseará provocador consciente de su invulnerabilidad momentánea, como diciendo: “Ladra, ladra, que no me puedes tocar”.

Algunos gatos cuando son ingresados en un hospital veterinario por un problema de salud y permanecen allí varios días, dejan de comer, incluso a veces de hacer sus necesidades de un modo normal. Lo mismo puede ocurrir si se les deja en una residencia durante unos días porque los dueños tienen que viajar, por ejemplo. Los animales no están abandonados, pero ellos lo viven de ese modo. Perciben que todo lo familiar ha desaparecido de repente y eso les puede llevar, en casos extremos, incluso a la muerte por inanición.

Un gato es capaz de reconocer a las personas que detestan a los animales y que no los tratan bien, al hijo de la vecina que una vez le propinó una patada… El gato percibe y recuerda, y rara vez se acercará a ese tipo de gente.

Los mininos son animales muy cautos, tantean cuidadosamente los peligros antes de hacer cualquier cosa. Rastrean, olfatean, observan… Su curiosidad innata, mucho más acentuada cuando son cachorros, les mete a veces en líos, pero acostumbran a salir de ellos solos, salvo excepciones. A veces sorprende que un gato abandonado sobreviva, en el campo o en la ciudad, sin más ayuda que su propia inteligencia, pero lo hace, y a veces durante muchos años.

Cada gato tiene su personalidad, no son iguales entre sí, del mismo modo que las personas tampoco lo somos. Algunos son más propensos a interaccionar con el ser humano, son más cariñosos, más sociables. Otros, sin embargo, son más independientes, más solitarios. Pero que nadie crea que un gato independiente, que no viene a hacerte mimos continuamente, es un gato que no sufriría si se le sacase de su entorno familiar. A su manera, él también ha creado sus vínculos con nosotros, quizá de manera más sutil y menos evidente, pero los vínculos son igual de fuertes.

Y ya para concluir, permítaseme despedir este artículo con un recuerdo a un ser muy especial que me ha acompañado durante 19 largos años, es mi gato Poky. El 6 de septiembre de 2008 hubo que practicarle la eutanasia para evitarle un sufrimiento innecesario. Todo aquel que haya pasado por un proceso similar sabrá lo dolorosa que es la despedida pero, al mismo tiempo, lo gratificante que resulta saber que durante tantos años ese maravilloso animal ha sido feliz, ha disfrutado de la mejor vida, y al final se ha ido sin el menor sufrimiento. Hay un momento para todo, para comenzar y para terminar, y es bueno comprender que cuando llega el día del adiós lo mejor es dejarles ir. Quien nunca ha tenido un gato al que querer, al que mirar a esos ojos felinos que te dicen tantas veces que saben mucho más de lo que imaginas, con el que compartir este camino de la vida y que, cómo no, te saque de tus casillas también en algunos momentos, no sabrá nunca el vacío que deja después, y tampoco comprenderá que se está perdiendo una de las más maravillosas experiencias de la vida, que hay muchas y de muy distinta índole. Al final quedan muchos recuerdos y un enorme bagaje de Vida, porque como decía el poeta y escritor Fernando Pessoa: “Aquello que se ha sentido, es lo que se ha vivido”. Gracias por ese espacio de vida compartido.

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