Las grandes alimentarias: el principal freno a la calidad de vida

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En el sector de “Alimentos y bebidas” se da un siniestro mecanismo: las empresas alimentarias grandes, en alianza “de hecho” con un Estado al que cooptaron, producen alimentos no saludables y caros, que derivan, a la postre, en un mayor costo para el sistema de salud (que también financia, directa e indirectamente, el propio Estado).

Adicionalmente, su poder de lobby ha alcanzado tal desarrollo que son el principal factor que limita la irrupción de las nuevas tendencias: las que definen una oferta más diversificada en el uso de materias primas, alimentos menos procesados, uso más racional de los recursos y un menor impacto en el ambiente. Esta nueva modalidad de oferta tiene claramente como principal actor productivo a las pequeñas y medianas empresas (PyMEs).

Esta combinación letal, ya grave, será aún peor en los años que vienen, en razón de que dichas empresas, condicionadas por las influencias de consumidores inteligentes en los países desarrollados, dirigirán sus objetivos comerciales con mayor énfasis hacia los mercados emergentes o subdesarrollados. Fenómeno que se observó con claridad en el pasado año 2016.

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Analicemos la situación en dos de sus puntos destacados:

1) Deterioro de la calidad de vida de la población:

La práctica totalidad de las multinacionales producen alimentos absolutamente innecesarios para llevar una vida saludable y de calidad: harinas y sus derivados, productos desarrollados sobre la base de la utilización de azúcar, sal y grasas, y, con mejor marketing, también los lácteos. Pero ya no hay dudas a nivel científico de que estos alimentos son la causal de la epidemia de obesidad y de la mayoría de las enfermedades crónicas que cada año observan una mayor incidencia en la salud pública. Y todo eso, como si fuera poco, implicando un costo en dinero superior para el bolsillo del consumidor.

Promociones desaforadas del consumo de lácteos, bebidas gaseosas y jugos que en esencia son azúcar diluida en agua con algunos colorantes permitidos, snacks y cientos de alimentos absolutamente innecesarios se imponen a fuerza de billetera publicitaria. Aunque el 85% de los alimentos que pueblan las góndolas de los supermercados no existieran hace 100 años y esté comprobado que, en términos de salud pública, viviríamos mejor sin ellos.

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2) Limitación al desarrollo de las PyME alimentarias:

El poder de lobby y la cooptación de los organismos del Estado relacionado con la fijación de las políticas agroalimentarias es groseramente manifiesta. En los países de la vieja Europa primero y en EE.UU. después, los que los pequeños y medianos productores tienen todas las herramientas para implementar sistemas de calidad con facilidad, registrar productos con celeridad y así liderar las nuevas tendencias de consumo. En nuestro país pasa lo contrario: un entramado burocrático y de contralor imposible de hacer lugar a la emergencia de proyectos de escala menor al de las grandes empresas.

Cualquier emprendedor alimentario que desee insertarse formalmente en el mercado  tiene altas chances de morir en el intento. La mayoría de las regulaciones están pensadas para grandes escalas productivas, pese a que no existe ninguna limitación técnica para que ello pueda ser también realizado en escalas de producción menores.

En los países desarrollados, hay varias tendencias que muestran la importancia que el consumidor le atribuye a la alimentación y sus efectos. Muchas de las nuevas corrientes “verdes”, promotoras de una “vuelta a las raíces”, son guiadas por la creciente necesidad de aumentar el consumo de alimentos naturales (entendiéndose por ello a aquellos alimentos para los que nuestra biología fue moldeada durante millones de años). Este fenómeno está siendo afrontado fundamentalmente a partir de lo que se conoce como locally grown (algo así la promoción del consumo producido localmente).

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La mayoría de las regiones del planeta está en condiciones de asegurar la producción local de no menos del 80% de los alimentos que necesita, en calidad y calidad. Este aprovisionamiento trae consigo las siguientes ventajas: 1) desarrollo local PyME; 2) abaratamiento de hasta un 80% en muchos alimentos; 3) promoción del consumo de alimentos saludables; 4) fortalecimiento de los lazos sociales hacia el interior de las comunidades.

Lamentablemente, en Argentina estamos yendo en la dirección contraria.

Fuente: Fernando Valdivia (Fundador de The Food Planer)

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